EMPIEZAN A BAJAR UNOS MEDICAMENTOS,

OTROS SIGUEN SUBIENDO.

 

Mi  primera obligación consiste en decir la verdad completa: por fin empezó a bajar el precio de los remedios en Colombia.

 

Pero aun h no ha llegado la hora de echar las campanas al vuelo ni de creer  que la situación  se volvió agua de borrajas. Apenas estamos comenzando. Es cierto que han bajado los medicamentos  más costosos, para enfermedades  como el cáncer, mal de Alzhéimer, epilepsia, infartos, y esclerosis.  Sn embargo, hay muchas drogas más que siguen subiendo.

 

Yo sueño despierto con la ilusión  de que algún  día el periodismo sirva para algo, Cien mil veces he dicho que un periodista no es mas que la voz de los que no, tienen voz.  Por eso, a lo largo de los últimos dos años, he escrito  tres crónicas  en las paginas de este periódico, sobre el drama de comprar un medicamento en Colombia, y me he tomado el trabajo de comparar precios con otros  países del mundo, incluidos los del vecindario.

 

Ahora, mientras investigo por carta vez lo que está pasando, abro mi correo electrónico y encuentro el mensaje que me envía  Ana Consuelo Gómez Caballero, una artista a la que no tengo el gusto de conocer, directora  de Ballet y danzas  experimentales en Bogotá, “Gracias a sus crónicas. Me escribe- , la cajita de un remedio  que yo tomo, llamado Xeroquel, bajo de  210.000.oo pesos  a 10.000: Enhorabuena.

 

Me quedo pensativo y lejos de sentirme halagado, lo que siento es más indignación. He Ahí, completico, el tamaño  de la infamia: si podían cobrar  diez mil pesos, y ya iban ganando, ¿por qué estaban cobrando 21 veces más?. Díganme  quien le va a devolver esa plata a la gente. Esto es peor que un crimen: es una injusticia.

 

La cadena del abuso.

 

Lo primero que hago es averiguar quiénes son los que han venido cobrando esos precios ofensivos. Se trata de una larga cadena de intermediarios, mercaderes, empresas de salud, algunos laboratorios y oportunistas políticos, amparados en la indiferencia  del Estado, que a lo largo del tiempo, y a pesar  de que la ley obliga a hacerlo se negó a vigilar los precios de los medicamentos, incluso de aquellos que él mismo paga a través del sistema de salud.

 

Hasta que el tumor maligno  no reventa en el año 2006. En esa época, los asesores del Ministerio de Salud recomendaron liberar los precios creyendo ingenuamente que la sola competencia los abarataría. ¿Ingenuamente? Entonces sí, quien dijo miedo. Ya no hubo dique que los contuviera.

 

Algunas empresas prestadoras de salud (las famosas EPS) se sumaron al festival creando sus propias compañías comercializadoras  de remedios, a las que ellas mismas les compraban para venderle al Gobierno, en una terrible cadena de felicidad,  pasándose la plata ajena del bolsillo izquierdo para el derecho.

A la hora de hacerle al Estado los celebres “recobros de medicamentos”, lo normal es que hayan incrementado quince o veinte veces el precio de una humilde pastilla. Se han descubierto monstruosidades como esta: Por una droga  para reducir el colesterol, llegaron a cobrar  3.000 por ciento de aumento. Agárrense:  el promedio  anual de lo pagado como sobrecosto por las  medicinas llega a $ 500.000 millones de pesos. Medio Billón

 

Los que están bajando.

 

Los laboratorios descubrieron  que el Estado  pagaba  lo que le cobraran  y que la sociedad, por su parte  estaba aletargada- me dice un experto en asuntos económicos-  Fue entonces cuando  abrieron la llave hasta donde los dejaron abusar. En esos casos, los economistas  decimos que la discriminación de precios  depende  de l o elástica que sea la demanda. En lenguaje  sencillo: se cobra según

“el marrano”.

 

Apenas  ahora esta empezando a corregirse  el terrible atropello. En los últimos tiempos  sean controlado los precios de los medicamentos más caros como ya dije: vean ustedes lo que valen  hoy siete los siete fármacos –Solamente siete- comprados con lo que valían  hace apenas ocho meses, en noviembre del año pasado:

 

Sabril: capsulas para  la epilepsia, especialmente si el enfermo es un niño. Valía  $ 415.000 vale $ 70.15.  Bajo  83%  por ciento.

 

Avonez: para esclerosis múltiple valía $ 2.674.352. vale: $ 471.504. Bajo  82.3 por ciento.

Reminyl: tabletas para el mal de Alzheimer. Valía. $113.297. Vale $ 20.167.. Bajo 8-2 por ciento.

 

Casodex: tabletas para  el cáncer de próstata. Valía  hace ocho meses $ 377.018. Vale  hoy $ 105.746 Bajo 71.9 por ciento.

 

Mirapex: para el mal de Parkinson. Valía $ 503.000. Vale $ 196.000,  Bajo 61 por ciento.0809.927. Bajo 46.3 por ciento

 

Aromasin: para cáncer de seno  Valía $  1.523.886. Vale $ 809.927. Bajo 46.3 por ciento.

 

Lantadin: para dolores  crónicos. En noviembre  pasado  valía $ 51.000. Hoy vale  $ 27.600.  Bajo 45.8 por ciento.

 

Exijo que alguien  me responda la pregunta que ya hice: si podían cobrar mucho menos  ¿por qué estaban cobrando mucho más? Esto clama justicia. Yo no se  qué  calificativo darle a quien le roba 83 por ciento de sus medicamentos  a un niño epiléptico. (Como en el poema  de De Greiff: “si lo se, mas no lo digo”).

 

Y los que siguen subiendo.

 

¿Por qué los laboratorios  bajaron un 80 por ciento sin rechistar y sin hacer un solo reclamo? ¿Por qué?

 

 Ya dije,  al empezar  esta crónica, que no todo el monte es orégano, ni la situación esta color de rosa. Hay varios medicamentos  que, lejos de bajar, siguen subiendo. Lo peor es que son de los que  más utiliza  la gente.  Voy a poner algunos ejemplos  de sus precios hoy,  comparados, igualmente, con lo de noviembre pasado.

 

Glimepirida  de 15 pastillas, muy usada por los diabéticos, costaba  25.000 pesos, pero hoy cuesta 36.000  (subió 44 por ciento). Neurotin de 10 unidades de 800 miligramos, para convulsiones, costaba $ 75.000 y hoy cuenta $ 114.000. (subiio51 por ciento). El Urocuad de 300 miligramos, para controlar  el ácido úrico, subió 17 `por ciento en ocho meses, al pasar de 21.850. pesos a 25.600.

Nexium, para acides y reflujos, subió 9 por ciento la cajita de 28 pastillas por 40 miligramos.

 

En cuanto as las comparaciones con el exterior, seguimos en una enorme desventaj. La caja de Crestor  de 14 unidades y 20 miligramos, que en una droguería de Madrid cuentas el equivalente  de 96.368. Pesos colombianos, aquí vale hoy 157.289. diferencia , de 39 por cinto. Y eso que los españoles ganan en euros,  y su salario mínimo es tres veces mayor que al nuestro.

 

El Gobierno contesta.

 

E mi condición de periodista, per sobre todo de ciudadano, le envié por e4scrito  una pregunta ale Ministro de Salud: ¿estoy en la ciero al pensar que están bajando los medicamentos  más complejos y costosos, pero, en cambio, siguen subiendo los de uso cotidiano?

 

 -Supersepción es correcta –responde el ministro Gaviria-, hemos puesto énfasis en los medicamentos más costosos, que es donde  están las mayores distorsiones y los mayores abusos en relación con los precios internacionales.

 

Es evidente que también empiezan a controlarse los precios de algunos remedios para la acides estomacal o el colesterol.

 

-Falta mucho por hacer –agrego el Ministro-, En el mercado se produce  una competencia saludable, debería rebajar los precios pero los médicos  siguen prefiriendo los medicamentos  de grades marcas, y eso impide que la sola competencia sea suficiente  para bajarlos. Tenemos un gran desafío por delante.

 

 Sabrá Dios que razones  tienen los médicos para que,  como dice el Ministro, solo  receten los medicamentos más costosos..

 

 Epilogo

 

Hay que bajar los precios,, pero no hay que bajar la guardia. Lo estamos logrando  pero todavía nos falta por recorrer un ¡trecho muy grande. Los ciudadanos  deben seguir reclamando, presionando, protestando,  Hay que continuar  la lucha con el mismo ahincó para que también cobren un precio  justo por los remedios  de uso masivo,  los que la gente  compra diariamente  en la farmacia para una gripa o una agriera.

 

Por que no hoy derecho a que en Colombia una cajita de pastillas para la presión arterial valga más que un salario mínimo. Y, a riesgo de volverme cansón con mi cantaleta, insisto  en la pregunta que vengo haciendo a lo largo de esta crónica: ¿Quién va a devolvernos la plata que nos han esquilmado en todos estos años? Son 500.000 millones de pesos anuales, imagínese,  usted.

 

  Una observación final:  en el año 2009 la revista Pharmeceutical Today, vocero de los laboratorios  internacionales, publicó un extenso artículo  en el que presentaba a Colombia  como uno de los lugares  más atractivos del planeta para hacer negocio. Viendo los precios que nos cobran, y lo que nos han quitado, estoy empezando a creer que tiene toda la razón.